El año 2026 se caracteriza por la fragmentación del orden global, el debilitamiento del multilateralismo y el aumento de la competencia geopolítica entre grandes potencias en un contexto sin reglas compartidas. La violencia política superó los 550 incidentes diarios en 2025, y los ataques aéreos y con drones alcanzaron su máximo histórico, al igual que el gasto en defensa, creando una «nueva normalidad» marcada por altos niveles de violencia.
El tratado New START expira el 5 de febrero de 2026, y aunque la incertidumbre sobre su continuidad aviva el temor a una nueva carrera nuclear liderada por Washington y Moscú, es Beijing quien está aumentando sus capacidades nucleares más rápidamente que el resto. Los analistas señalan que en 2026 se intensificará el rearme tecnológico y militar, mientras crece la sensación de hartazgo ante el aumento de la disparidad económica y la desconexión entre las prioridades de la agenda geopolítica y el malestar de la ciudadanía.




