Las elecciones presidenciales son, sin duda, el fenómeno político-electoral más interesante de Colombia. En ellas se condensan pasiones, amores y odios que terminan definiendo, casi visceralmente, a quien aspira a dirigir el destino de la nación.
La escogencia de las fórmulas vicepresidenciales ha provocado un revuelo nacional que no pasa desapercibido. Desde una candidata indígena a la Vicepresidencia —la fórmula Cepeda-Quilcué— hasta un homosexual defensor de los derechos de la diversidad que acompañará a la candidata sionista, homofóbica y retrógrada de la extrema derecha —la fórmula Valencia-Oviedo—.

Dicho sea de paso, este columnista sigue convencido de que la vicepresidencia es una figura meramente decorativa que bien podría desaparecer sin que el país pierda absolutamente nada.
Estos contrastes tan marcados permiten anticipar el tono de cada campaña. La elección de Quilcué deja clara la intención de Cepeda de prolongar el proyecto progresista del presidente Gustavo Petro, dándole visibilidad a los pueblos y a las mujeres indígenas como parte de una agenda que busca reconocer —y capitalizar políticamente— la diversidad colombiana.
Abelardo, por su parte, opta por una “apuesta segura”: escoger a Restrepo, exministro de Hacienda del gobierno de Iván Duque. Un economista de molde bogotano cuya designación no genera mayores sobresaltos políticos, aunque sí algunas risas por su peculiar manera de bailar.
En la campaña de los “despalomados”, la candidata “eligió” a Juan Daniel Oviedo como su fórmula vicepresidencial. Oviedo aterriza así en un partido cuyo electorado objetivo, paradójicamente, se ha caracterizado por negar o minimizar las luchas de la comunidad LGBTQIA+, la negación de los falsos positivos, sector con el que el propio Oviedo se identifica y que representa una fracción importante del electorado.
La política puede ser dinámica, pero hay contradicciones que rozan lo grotesco. Los ideales de Oviedo chocan frontalmente con la agenda política del Centro Democrático y con la de su candidata, Paloma, la misma que en su momento propuso dividir el departamento del Cauca entre indígenas y mestizos. En términos simples: una alianza tan extraña como ver a un Judío haciéndole campaña al Partido Nacional- Socialista.
¡Así de absurdo!
¿Incoherencia o simple oportunismo?…



