lunes, 8 junio, 2026

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Los Destripados

Colombia lleva mas de 100 años tratando de cambiar la élite que la gobierna para beneficio de unas cuantas familias que han puesto Presidentes a su antojo para hacerles leyes y montarles negocios a su gusto y conveniencia. Eso se llama “privilegio”.

No es un secreto que somos uno de los países mas desiguales del mundo y que nos hemos acostumbrado a vivir así, conformándonos con el cuento de que somos la democracia mas antigua y estable de América Latina.

Sin embargo, la calidad de una democracia no se mide solo porque haya elecciones, exista libertad de expresión y tres poderes públicos que se autocontrolan entre si; sino también por la madurez política de la gente para decidir quién los gobierna, la llamada ‘cultura política’, porque puede que hayan elecciones y votemos convencidos de que elegimos con libertad, pero eso no garantiza que no lo hagamos engañados; y en eso, en “cultura política” pienso, nos rajamos.

Si bien podemos decir que reunimos todos esos requisitos formales para llamarnos una ‘democracia’ lo cierto es que nos falta esto último para tener una verdadera capacidad de discernimiento político, de distinguir entre alguien que nos miente y alguien que nos dice la verdad, somos fáciles de engañar y ahora con las redes sociales mucho más.

La estrategia es muy sencilla: confunde y reinarás; divide y vencerás; miente, que de la mentira, algo queda; que entre mas grande sea la mentira mas gente la creerá

Así nos han mantenido siempre, confundidos, divididos, odiándonos y matándonos entre sí.

Para ello siempre han apelado a la mentira, la calumnia fríamente elaborada, calculada y difundida, antes desde los medios masivos de comunicación -que son de ellos- los periódicos, los canales de televisión, incluso algunas universidades, y ahora desde las redes sociales.

Cuando sus mentiras no han funcionado y han estado en riesgo de perder el control del país y sus privilegios porque les ha aparecido algún líder con suficiente respaldo popular para arrebatárselos en las urnas desde la democracia y en democracia, no han vacilado en utilizar la violencia para asesinarlos o encarcelarlos.

Con sus mentiras y calumnias difundidas y sembradas en el subconsciente colectivo desde sus medios de comunicación, han perfeccionado su estrategia de hacer que el pueblo odie a sus benefactores y ame a sus verdugos llevándolos a votar únicamente movidos por ese odio o ese amor, sin mas filtros ni criterios para decidir su voto.

Pero esas familias no siempre han colocado a sus miembros como opciones presidenciales, en otras ocasiones se han valido de otros que sin formar parte de su linaje se muestran dispuestos a defender esos intereses, con otra estrategia, también engañosa: presentándonoslos como “nuevos”, independientes, sin partidos políticos…como espontáneos outsiders sin ningún vínculo con ellos, con los de siempre.

Hoy Colombia debe escoger entre si elegir continuar con el cambio de esas élites o elegir a quien hoy representa esos intereses; y debería hacerlo con la capacidad de discernir quién está diciendo la verdad y quién miente, quién es auténtico y quién es un actor, quién es coherente con lo que dice ahora en elecciones y lo que dijo e hizo en el pasado, quién ha trabajado duro por el país antes y quién solo por él mismo, y sobre todo quién propone paz y no violencia, quién habla de dialogar con los diferentes y quién de destriparlos. Escoger no solo por por amor o por odio.

Ya en el pasado han habido varios destripados: Jorge Eliecer Gaitán el líder liberal asesinado el 9 de abril por enfrentarse a esas élites y a quien en esa época acusaron falsamente de ser una amenaza comunista enviada desde la antigua Unión Soviética; Luis Carlos Galán Sarmiento a quien también intentaron acusar de tener ideas comunistas; y muchos otros grandes líderes de la izquierda democrática, no alzados en armas, otros, desmovilizados de las antiguas guerrillas y reinsertados a la institucionalidad democrática, que creyeron en que era posible hacer ese cambio con democracia y en democracia, sin violencia y sin armas, como Carlos Pizarro, Bernardo Jaramillo Ossa, Jaime Pardo Leal a quienes “destriparon” a balazos.

A todos ellos, antes de ‘destriparlos’ los señalaron hasta la saciedad de ser “guerrilleros”, algunos nunca lo fueron, otros lo habían sido pero se la habían jugado por la paz y la democracia; y como ciertamente durante la guerra, la guerrilla cometió muchos crímenes atroces que sembraron el odio en muchos colombianos; pues hábilmente aprovecharon todo ese odio para trasladarlo a cada uno de estos líderes, primero para hacer que la gente los odiara y luego, cuando vieron que la gente no les creyó su mentira de que eran guerrilleros y que les podían ganar las elecciones democráticamente… los destriparon.

Todos ellos eran hombres de paz que creyeron que se podía hacer el cambio en democracia y sin armas, sin violencia, todos ellos querían un mejor país, pero cometieron un error fatal: se negaron a defender los intereses de la élite y se pusieron del lado del pueblo.

Eso les costó que primero los acusaran de guerrilleros (sin serlo) y finalmente que los ‘destriparan’.

Incluso a mí, solo por escribir esto podrían acusarme de guerrillero y hasta destriparme.

Pues les cuento que nunca lo fui, por el contrario, presté con honor y gallardía mi servicio militar, de lo cual hoy me siento muy orgulloso, a diferencia de otros que nunca podrán hacerlo con honor, pues sin vergüenza alguna se ponen “firmes” y hacen el gesto del “saludo militar” sin haberle servido a la patria ni siquiera un día en un cuartel.

Esta es la breve y triste historia de los ‘destripados’ en Colombia.

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