miércoles, 13 mayo, 2026

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Bella Ciao

Fueron los ‘partisanos’ a los que se levantaron en la Italia fascista contra el poder de Mussolini y la ocupación nazi. La resistencia civil italiana  que no se tragó entero  el cuento del “orden y la patria” cuando ese orden solo servía para callar al pueblo.

De esa resistencia nació Bella Ciao, la canción que Netflix nos volvió a poner en el radar con La Casa de Papel, y que se convirtió en un himno de libertad. Curioso —por no decir irónico— que algunos en la derecha la canten sin tener ni idea de lo que representa. ‘Schifos’ queriendo posar de ‘partigianos’

El domingo que pasó, Colombia vivió su propia jornada de resistencia política con la consulta del Pacto Histórico. Iván Cepeda se quedó con el aval para la candidatura presidencial, superando a Carolina Corcho y a Daniel Quintero.

No fue una victoria arrolladora, pero sí una señal clara de que el sector de centro-izquierda sigue siendo el más cohesionado y con mayor músculo electoral. Tres millones de votos no son poca cosa, sobre todo si se compara con las consultas de otros partidos, como la liberal, donde la participación fue casi simbólica.

Y más significativo aún el resultado si se tiene en cuenta que la consulta se realizó por fuera de una jornada electoral y sin la participación de la figura mas importante de la izquierda hoy en Colombia: Gustavo Petro. Lo que quiere decir que la militancia se movilizó a votar.

Mientras tanto, en la derecha las cosas no andan bien. Antes fueron expertos en unirse alrededor de un solo candidato, pero hoy cada quien anda por su lado, cada uno creyéndose el salvador de Colombia. Todos prometen soluciones mágicas, pero ninguno parece capaz de sentarse con otro sin medir quién brilla más frente a las cámaras.

La centro-izquierda, por el contrario, ha entendido que la política no se gana con egos sino con consensos. Ha sabido sentar en la misma mesa a quienes piensan distinto, pero que comparten una misma causa: la necesidad de un país más justo. Esa es la diferencia entre el discurso del ‘yo’ y el proyecto del ‘nosotros’.

El panorama político también se ha convertido en una especie de colcha de retazos: alianzas improvisadas, candidatos que surgen de la nada y apoyos que se compran como si fueran acciones en bolsa. Un ejemplo es  la candidatura de Vicky Dávila, financiada por los Gilinski y respaldada por el Clan Gnecco, un grupo con más sombras que luces y vínculos conocidos con la narco parapolítica del Cesár.

En Santander, los resultados fueron los esperados: una militancia firme, disciplinada, que mantiene su caudal de votos desde 2021. Es una muestra de que, más allá de las modas políticas, hay estructuras que resisten y creen en un proyecto a largo plazo.

Porque, al final, de eso se trata la política: de resistir, de no rendirse ante los discursos vacíos ni ante los ‘schifos’ del momento. De seguir creyendo que este país todavía puede tener su propio Bella Ciao.