miércoles, 13 mayo, 2026

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La paradoja ‘Vargas Lleras’

La paradoja “Vargas Lleras”.

Germán Vargas Lleras, así, que yo me acuerde, debe ser el hijo de puta más grande que ha dado la política colombiana en su historia. Más hijueputa que él…difícil de encontrar. En realidad, el vergajo era una combinación entre hijo de puta, malparido y come-mierda, una palabra cubana que a mí me gusta mucho y que sirve para describir a cabrones bien antipáticos y detestables.

Germán Vargas Lleras

Su “coscorrón” pasó a la historia de la política colombiana; su mirada de mierda, era un sello de malparidez; su forma de hablar, un insulto permanente.

Ese vergajo era tan detestable, que cuando hablaba, así fuese para decir cualquier cosa trivial, sacaba la piedra, incluso si decía cosas agradables, que era pocas veces.

Germán Vargas Lleras existió para cagarse en Colombia, pero, al final, Colombia se transformó y fue ella la que se cagó en él. El tipo nunca pudo llegar a la presidencia, su gran ambición.

Arrancó su carrera política como concejal de pueblo siendo un ‘pelao’, en una época cuando su abuelo todavía tenía influencia política y los Lleras eran políticos respetables.

En los 80s y 90s todavía se perfilaba como un tipo que algún día iba a ser presidente, y el país de ese entonces le permitía tener ese sueño. Su abuelo aún vivía, su tío mojaba en política y su detestable hermano también tenía presencia en el Consejo de Bogotá, ¿por qué no soñar con ello?

Pero luego vino la presidencia de Uribe, y ahí empezó a perder posibilidades, porque Uribe era un tipo como él, pero paisa y más matón, y en Colombia no había espacio para dos hijueputas. Uribe terminó siendo el “hijo de puta” de cabecera de Colombia, y su omnipresente hijueputez opacó la carrera de Vargas Lleras.

Uribe era tan hijueputa, pero tan hijueputa, que Vargas Lleras perdió ranking de “hijueputa” y quedó convertido en un “hijueputa moderado”, una condición que no sirve en Colombia. En este platanal nuestro, si vas a ser un hijo de puta, hay que serlo con todos los fierros, con motosierra incluida porque si no, los malparidos de este país te ven como “débil”.

Uribe era el dueño de la motosierra, así que a Vargas Lleras le tocó ocupar un lugar difícil: el de “hijueputa sin muertos” en la espalda, una estigmatización jodida en aquella Colombia de principio de siglo que clamaba sangre guerrillera en “litros”, como dijo alguna vez un general famoso de la época.

En otras palabras, Vargas Lleras se volvió el “tibio” de la extrema derecha en los 2000s.

Al terminar el periodo uribista, tuvo su única chance real, pero ahí se le adelantó Santos, quien fue más hábil y más traidor, y quien se quedó con los votos de “motosierra” de Uribe y los usó para hacer la dizque “paz”, y con esa dizque “Paz”, ahí murieron las posibilidades de gobernar de Vargas Lleras.

El momento “motosierra” pasó, la extrema derecha se desprestigió, y ahora lo “in” era el pueblo, que empezó a emerger por borbotones apoyando a la izquierda, creando una última contra-reacción de la derecha, quien prevaleció y puso a Duque, pero ya Colombia iba en una trayectoria de “izquierda” que le mató las últimas esperanzas a Vargas Lleras de ser presidente.

En las elecciones del 2018 las maquinarias se fueron con la contra-reacción uribista que representaba Duque, y el “pobre” Vargas Lleras, que era un derechista moderado, se quedó en la vereda traicionado por una derecha extrema que aún quería motosierra.

Y después vino Petro y el país cambió, porque ya no hubo más espacio para motosierras, o siquiera “motosierras moderadas” como la que representaba Vargas Lleras, quien nunca tuvo alma de asesino como Uribe, pero que encarnaba aún una derecha dura.

En resumen, su momento fue el 2010, y al ganarle Santos la partida, sus posibilidades reales se esfumaron. Fue vice de Santos y dicen que ejecutó muchas obras importantes, pero ya el país estaba cambiando, y para cuando le llegó el turno, Petro y Duque le mataron la chance.

En el 2018 Vargas no solo perdió, sino que quedó como un “dinosaurio”, un tipo arcaico y pasado de tiempo en un país que dejaba a la vieja Colombia a la que él pertenecía atrás.

En esta nueva Colombia, un tipo de las formas y empaque de Vargas Lleras ya no tenía ninguna chance de ser presidente. Vargas Lleras habría podido ser presidente en 1990, en 1994, en el 2002 y hasta en el 2010, pero para cuando llegó el 2018, ya Colombia era otra y en esa nueva Colombia ya no había lugar para otro ‘hijo de puta’ más.

Y aquí es en donde viene “la paradoja Vargas Lleras”. Colombia cambió, le dio la espalda a Vargas Lleras, un hijo de puta y un malparido, pero al mismo tiempo, un político curtido y un buen ejecutor, para darle paso a otro tipo de candidato, el candidato “inepto”.

Primero fue Duque, un culicagado güevón incapaz de sacar un perro a mear, quien llegó a la presidencia como perro faldero de Uribe.

Y luego vino Petro, un borracho, drogadicto y putañero que tampoco ha servido para mucho, excepto para hablar mierda y para salir empepado en entrevistas hablando del clítoris de la mujer.

Y siguiendo con esa nueva preferencia de los colombianos por tipos ineptos e inútiles, ahora se viene Abelardo, la versión monteriana-barranquillera del inútil de hoy.

Abelardo va a ser una especie de Duque como presidente, solo que con ambiciones de cantante y poca tolerancia.

Ya van a ver ustedes la falta de pantalones de Abelardo. Tan pronto la empiece a cagar y comiencen las burlas en redes, ese huevón inútil va a empezar a censurar medios y a amenazar con abogados ( de su firma de abogados torcidos) a todo aquel que se la “monte”. La presidencia de Abelardo es bastante predecible, y en un par de años, vamos a estar añorando a Petro, acuérdense de mi.

Vargas Lleras fue el último político de la vieja guardia, el último de una clase de político que ya no existe.

El último de una casta de políticos, que si bien detestable, tenía más empaque de estadista y político hecho que cualquier político de hoy.

Colombia cambió y se deshizo de los tipos como Vargas Lleras para darle paso a la “Nueva Colombia”, la Colombia de los políticos cretinos, guevones y borrachos.

Con Duque empezó una nueva tendencia, un nuevo sendero político: elegir a cualquier güevón que no se parezca a lo de antes. Duque llenó este perfil, porque era joven, tocaba guitarra, y era disc jockey, y eso a la gente idiota de hoy le pareció la verraquera, solo para que Duque acabara como el mejor chiste de Colombia.

Luego vino Petro, el candidato de izquierda que prometía el “cambio” dentro de un estilo relajado, y ese estilo relajado acabó en putas, drogas, alcohol y exhibiciones catatónicas en televisión.

Y ahora se viene otro “diferente”, Abelardo, el abogado marrullero que canta, toma MacKallan y se viste como un dandy, un payaso insulso que tiene tramado a medio país con un idiota “firmes por la patria” y una promesa “bukeliana” para el país. El país ahora vota “diferente”, ya no vota por políticos de antes como Vargas Lleras sino que vota por lo nuevo, por lo raro y por lo novedoso.

Pero la paradoja Vargas Lleras es que, lo que en realidad necesita el país, ahora mismo, es un Vargas Lleras.

Con todo lo ‘hijo de puta’ que era ese vergajo, yo lo prefiero por encima de estos 3 cretinos que tenemos hoy en la grilla de partida.

Vargas Lleras fue un ‘hijo de puta’ con todo y ropa, pero hay veces en que los países necesitan de un ‘hijo de puta’, y un hijo de puta moderado y sin motosierra, como Vargas Lleras, no nos habría caído mal después de esta debacle petrista.

De hecho, yo creo que si Abelardo fracasa, algo que es muy  probable, el próximo presidente va a ser un vergajo del talante y corte de Vargas Lleras, porque la aventura de votar por el “diferente” va a quedar agotada.

El elector colombiano está en estos momentos en un proceso “exploratorio”, y dentro de ese proceso de exploración está probando cosas nuevas.

El político joven, el líder de izquierda, el ‘filipichin’ cantante, de pronto una vieja en el futuro, aunque lo veo difícil con el machismo rampante que existe en Colombia.

El proceso electoral colombiano es un proceso de búsqueda de una “bala de plata” que resulte efectiva, sin entender que la política no es cuestión de balas de plata (silver bullet) sino cuestión de estabilidad y crecimiento continuado. Y los políticos de crecimiento continuado son ‘hijos de puta’ como Vargas Lleras, lamentablemente.

Yo preferiría a un político curtido y experimentado con talla de estadista que no hiciera mala cara, que no diera coscorrones a su gente, que no hablara con tono pedante, pero eso es pedirle mucho a Colombia.

Nuestro ranchito patrio no da tipos equilibrados, tan solo para gentecita de extremos, y eso es lo que excita al electorado. El colombiano vota por el tipo de “moda”, por la novedad, lo de siempre aburre.

Pero lo que funciona mejor, créanlo o no, es lo de siempre, lo aburrido. Un Vargas Lleras.

Esa al menos es la paradoja a la que yo he llegado. Después de este cagatal que ha supuesto Petro, yo quiero regresar a algo “normalito”, a algo tradicional y seguro, algo como Vargas Lleras, territorio conocido.

Es como cuando tienes hambre, mucha hambre, y no quieres experimentar nada nuevo, sino comer tu platillo preferido, una comida casera reconfortante. Pues así, algo así era Vargas Lleras.

En cambio, ahora me están dando para escoger entre un comunista educado en la Checoslovaquia socialista, y un cretino con alma de estafador.

¡Qué pesar! Yo lo único que quería era a un ‘hijo de puta’ como Vargas Lleras, un ‘hijo de puta’ reconfortante…

 

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