miércoles, 13 mayo, 2026

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El día que decidamos ser país

Cuando los países han tocado fondo o han estado a punto de hacerlo, los egos y las banderas partidistas suelen quedar atrás. En esos momentos, las diferentes fuerzas políticas entienden que el país está por encima de cualquier disputa y deciden unirse para evitar una catástrofe que podría ser irreversible.

La historia nos ha mostrado que los grandes acuerdos nacionales han sido la tabla de salvación de muchas democracias heridas. Alemania, tras la Segunda Guerra Mundial, logró levantarse de las ruinas gracias a la unidad de su pueblo. Chile y Argentina, después de sus dictaduras, entendieron que solo la reconciliación podía devolverles la libertad y la dignidad. Esos pactos fueron más que acuerdos políticos: fueron compromisos morales con la vida, con la justicia, con la libertad y con la memoria.

Colombia, sin embargo, parece condenada a la división. Desde nuestros inicios, hemos vivido enfrentados: bolivarianos contra santanderistas, centralistas contra federalistas, conservadores contra liberales, izquierda contra derecha… y hoy, uribismo contra el resto del país. Esta polarización nos ha dejado heridas profundas: familias divididas, amigos distanciados y un país que sigue discutiendo mientras el hambre, la pobreza y la violencia avanzan.

Es hora de dejar atrás esa rivalidad que tanto daño nos ha hecho. Es momento de pensar en la Colombia posible, en la que podemos construir si nos reconocemos como iguales y no como enemigos. Pero ese nuevo pacto social no puede venir de las élites ni de los viejos gamonales que han convertido al Estado en un botín personal. Debe nacer desde la ciudadanía, desde una sociedad libre, consciente y dispuesta a recuperar la soberanía, la dignidad y el respeto.

Nuestro país puede transformarse. Podemos dejar atrás un Estado que ha funcionado a regañadientes bajo los clanes que por décadas se han turnado el poder —Pastrana, Santos, Lleras, Valencia, Cabal, Uribe— familias que gobernaron como si Colombia fuera su hacienda privada. Es tiempo de cerrar ese ciclo y empezar de nuevo.

Necesitamos una Colombia donde quepamos todos. Una nación donde no se asesine a quien piensa distinto, donde no se persiga a un partido hasta su exterminio, donde el debate político no sea una guerra, sino una conversación entre iguales.

Solo así podremos mirar hacia adelante y construir, por fin, el país que nos merecemos.