La prensa militante es un problema para la democracia, porque no informa, milita, y desde ahí desinforma, tergiversa, induce, adoctrina.
Es muy negativa, para nada proactiva, no solo hace opinión, sino descarada oposición, no critica, hace ‘Bullyng’. Al igual que esta última manifestación tan frecuente en ambientes escolares, es un comportamiento agresivo e intencional, repetido y con un desequilibrio de poder que causa daño físico y sicológico a la víctima.
Cuando es afín al gobierno; encubre, oculta, adula, se silencia frente a la incompetencia, la mediocridad y el abuso, idolatra y exalta al tirano; en el otro extremo; en la oposición, es igual o mas dañina, porque desinforma, prejuzga, descontextualiza, tergiversa, calumnia, injuria, insulta y menosprecia.
En ambos roles causa un gran daño a la sociedad, a la democracia y a la veracidad, (me rehúso a utilizar el término ‘verdad’) de la información, o mejor, a la objetividad con que se debe informar, opinar o juzgar los hechos y acontecimientos: la realidad.
Es usual, ver como algunos periódicos, canales de televisión, emisoras radiales, y canales digitales, tienen lo que ellos llaman ‘línea editorial’, que es algo así como la orientación ideológica y política de sus dueños o simplemente sus intereses, a través de la cual filtran previamente la información y la opinión antes de publicarla.
Y es válido que la tengan, al fin de cuentas, la prensa es antes que cualquier cosa: un negocio
Sin pauta, sin publicidad, sin anunciantes, la prensa no existiría.
Lo que no es válido, es coartar el derecho a que en un mismo medio se ventilen y publiquen otras expresiones, pensamientos, y opiniones divergentes de su ‘línea editorial’ respecto a los hechos sobre los que informa u opina, porque la prensa, más allá de ser un negocio, es un actor social, con una gran responsabilidad, la de informar y opinar con reglas claras de objetividad y transparencia.
Probablemente no exista nada más sospechoso que -por ejemplo- un coro de columnistas repitiendo como loros una y otra vez la misma idea, versión u opinión de la realidad, o los titulares sugestivos con un juicio a priori sobre un hecho en las primeras páginas. Porque nunca será lo mismo titular ¡una pelota negra! que ¡una negra en pelota! aunque suenen parecido…Cuando el sesgo se hace evidente, es vergonzoso. ¡Patético!
La prensa no puede seguir siendo utilizada para inducir el pensamiento político de los ciudadanos hacia una u otra posición, sino para ilustrar a los ‘informados’ sobre las distintas opciones de ver y juzgar la realidad, para que sean estos quienes finalmente y a partir de un análisis crítico, íntimo y personal de la información, saquen sus propias conclusiones, tomen partido -si lo desean- y también decisiones.
Por eso es tan importante que el pluralismo y la diversidad de opiniones tengan espacio en la prensa en igualdad de condiciones. Que en un mismo medio de comunicación puedan escribir un columnista de izquierda junto a uno de derecha, un gobiernista junto a otro de oposición, no cualquiera, claro está, sino aquellos que sin adorar falsos dioses, sin quemarle incienso a ídolos de barro, consigan hacerle cosquillas en el cerebro a sus ‘informados’, sin necesidad de adoctrinarlos ni de buscar inducir su opinión, para que sean estos los únicos que juzguen y saquen sus propias conclusiones. Así eran los buenos periódicos de antes. Es difícil, pero es posible.
La prensa no debe militar, debe informar, y para eso es indispensable brindarle a los ‘informados’ la posibilidad de leer, ver o escuchar la otra cara de la moneda, la otra hipótesis, la otra versión de los hechos.
Solo por ese camino la prensa y en general los medios de comunicación podrían recuperar su credibilidad… ¡tan escasa por estos días!



