Lo ocurrido el jueves pasado en la registraduría nacional del estado civil en Bucaramanga se asemeja a cuando un grupo de palomas que se encuentran posadas tranquilas sobre un cable de la energía huyen despavoridas luego de escuchar el aturdidor ruido de un tiro de escopeta.
El bochornoso episodio -que asumo todos ustedes conocen y que por razón de espacio no recuento aquí- puede equipararse figuradamente a eso: un disparo de escopeta, pero en el pie, que pienso cambió completamente la ecuación política para las próximas elecciones atípicas en Bucaramanga.
Luego de que hasta la semana pasada buena parte de quienes solemos analizar la política local nos preguntábamos ¿Quién podría ganarle a Cristian Portilla? el ex asesor del ex alcalde Jaime Beltrán, quien partía como archifavorito para ganar las atípicas; con lo ocurrido el jueves en la registraduría, esa pregunta parece haber cambiado, y en consecuencia también la ecuación electoral que elegirá alcalde de Bucaramanga para lo que resta del periodo constitucional.
Así de volátil es la política, un dia se amanece archifavorito y cualquier hecho político por mínimo e insignificante que parezca, puede hacer que al anochecer de ese mismo dia, todo cambie, como parece ser ocurrió aquí.
Lo escribo porque casi nadie en Bucaramanga dudaba de la altísima probabilidad que ciertamente tenía el movimiento político de Jaime Andrés Beltrán de recuperar la alcaldía con Portilla luego de la nulidad de su elección, pero los rumores -fundados, pienso- de una eventual inhabilidad del candidato Portilla; luego su repentina renuncia; y finalmente su sorpresivo y sobreviniente desistimiento de aquella, provocaron tal grado de incertidumbre entre las huestes Beltranistas que varias fuentes consultadas por La Pluma no escatiman en tildar el fenómeno posterior que trajo consigo este último hecho como una auténtica “desbandada”.
Y tienen razón. Creo no exagerar si afirmo que el jueves pasado Jaime Andrés Beltrán perdió las elecciones atípicas anticipadamente y renunció a cualquier posibilidad de recuperar la alcaldía como consecuencia de esa evidentemente forzosa e improvisada decisión, producto pienso, del mal asesoramiento, de la falta de planeación estratégica (no tenían plan B y C) y también de las componendas y jugadas políticas de ‘propios’ y rivales.
El hecho -o la sola sospecha- de que sobre Portilla recaiga una inhabilidad, con el riesgo para la ciudad que eso representa, sumado a los bandazos y cambios repentinos de estrategia y de decisiones al interior de esa campaña acrecentaron las dudas sobre el candidato y pone en cuestión su posibilidad real de victoria que además de desmoralizar a muchos de sus seguidores indudablemente terminarán pasándole una factura muy alta en las urnas.
Hasta la semana pasada la pregunta parecía ser: ¿quién ganaría entre Portilla y el ‘Barbas’? El candidato del exalcalde Beltrán o el candidato del Gobernador respectivamente, que medirían su fuerza electoral desde la ventaja de tener la burocracia, los contratistas, y los líderes, pero eso cambió ‘radicalmente’ -pienso – con lo acontecido la noche del jueves.
La pregunta ahora entonces es otra: ¿Quién puede derrotar al “Barbas”? como se conoce al candidato Carlos Bueno, el ex director de tránsito de Bucaramanga quien con la eliminación de Portilla de la baraja de candidatos favoritos, el apoyo del Gobernador y el nivel de recordación positiva que tiene en la ciudad pareciera ser el favorito para ganar la alcaldía.
La baraja de candidatos con posibilidades reales de ganar se redujo el jueves pasado, pienso, a estos tres nombres: Carlos Bueno, Jhan Carlos Alvernia y Fabian Oviedo. En ese orden.
No obstante a que Carlos Bueno o ‘El Barbas’ cuenta con el mas alto nivel de recordación entre los candidatos, debido a su muy mediática y técnica gestión al frente de la Dirección de Tránsito en el pasado reciente, con el apoyo ahora del Gobernador Díaz Mateus, varios analistas coinciden en que ese favoritismo puede no verse necesariamente reflejado en las urnas.
Aunque es el más y mejor preparado técnicamente, a Bueno parece costarle conectar con la gente, es el menos carismático de los tres, no tiene billetera propia, lo que hace que buena parte de su financiación dependa de terceros inversionista que podrían al final no estar dispuestos a arriesgar tanto y finalmente a que el respaldo del Gobernador podría terminar siendo solo simbólico, pues es sabido que la maquinaria electoral de la gobernación funciona mejor en la provincia que en la capital del departamento.
Para resolver la nueva pregunta que plantea el escenario hay que tener en cuenta varios factores:
la recordación del candidato (la ‘conocencia’ que llamaba el líder liberal santandereano Tiberio Villareal Ramos), la maquinaria, la financiación, los tiempos; y sobre todo un aspecto que considero fundamental: el clima electoral.
Quienes conocen de política, saben que una contienda electoral se asemeja a una campaña militar, en donde no solo cuenta el número de la tropa (votos), la logística (la maquinaria electoral) sino también el liderazgo y la capacidad del comandante para mantener alta la moral de la tropa, (la firmeza, el reconocimiento y carisma del candidato), los tiempos (el cronograma electoral) y especialmente el terreno y el clima (el ambiente, el estado de ánimo del electorado).
Figuras políticas y eximios estrategas militares como Napoléon Bonaparte y Adolfo Hitler, que conquistaron y ganaron casi todo, fueron al final derrotados esencialmente por ese factor: el clima.
En términos generales, pienso que estas elecciones atípicas serán una pugna esencialmente entre maquinarias electorales locales, con muy poco espacio para captar voto ‘de opinión’ por el margen de tiempo, el clima electoral y las narrativas que se manejan; con candidatos y estructuras electorales que se disputarán los mismos nichos y los mismos votos; con un papel trascendental de los famosos ‘líderes comunales’, los tradicionales líderes de barrio que conducen los votos y que en esta elección ‘cotizaran al alza’; por lo que será una campaña muy costosa; con menor grado de influencia de los grandes gamonales electorales pero con un papel trascendental de los grandes financiadores; por el voto a boca de urna, por recordación o carisma (no por opinión, por lo dicho antes); y por último, por el factor ‘c’ ; la ‘persuasión a boca de urna’, o mejor, a una cuadra de la urna, ya saben ustedes a que me refiero, que podría marcar la diferencia entre ganar o perder.
Por el tiempo de la elección, festividades decembrinas, luego de la fiesta del ocho, con ‘quincena’ un día antes de las elecciones, que las reglas de experiencia indican puede hacer que muchos amanezcan ‘enguayabados’ el domingo de elecciones, con la gente en las barriadas mas preocupada por los tamales y ‘el estreno de diciembre’, el clima electoral no parece favorecer una alta votación, lo que podría provocar un alto nivel de abstención, circunstancias todas, estas, que podrían hacer que la elección tenga una muy baja participación ciudadana y que pueda definirse finalmente por un pequeño margen de diferencia.
Así que esta elección podría ganarla quien tenga y gaste mas plata, quien tenga mas recordación no solo reciente sino también positiva entre el electorado, quien cuente o alquile la maquinaria mas fidelizada y disciplinada, y…¡ojo con esto último que podría ser determinante!: quien logre arañar el pequeño porcentaje de ‘opinión’ que por mayor carisma o recordación pueda definir el voto a boca de urna de los indecisos.
Por otra parte esta podría ser una campaña muy costosa en términos financieros, con un bajo ‘nivel de retorno’ para los inversionistas de la política, por el tiempo: dos años de gobierno con un importante presupuesto por ejecutar. Habrá que ver que tanto están dispuestos a invertir los apostadores, y sobre todo, cómo, estas dos últimas circunstancias también representan un alto riesgo para el presupuesto de la ciudad.
Finalmente, en realidad nadie parece saber con certeza que fue lo que pasó el jueves en la registraduría. ¡Pero que pasó, pasó! Y las consecuencias están ahí, un cambio de tercio, un cambio del tablero en el ajedrez político de esta elección.



