Odio ser alarmista. De hecho, cuando leo alguno de esos titulares amarillistas sobre graves terremotos, incendios o inundaciones que generan falsa expectativa y que luego terminan siendo una noticia en Indonesia o cosas así, prefiero no darle clic. No me gusta que me engañen.
Pero el título de esta columna antes que ser alarmista, me resulta ineludible y necesario para el momento político que vive la ciudad pues pretende hacer una seria advertencia, una denuncia pública del peligro que en verdad se cierne sobre la ciudad de Bucaramanga y el Departamento de Santander durante las próximas elecciones atípicas del 14 de diciembre en el que los Bumangueses elegiremos alcalde para los próximos dos años. Ello, si el gobernador de Santander no consigue aplazarlas como parece ser lo intenta por interpuestas personas en los estrados judiciales con acciones en mi parecer un tanto temerarias.
Todos sabemos del peligro que representa para la democracia la concentración del poder, en especial que un solo hombre o una sola familia concentren el poder político. Es el caso de los llamados clanes políticos, familias que copan diversos espacios de poder que luego expanden y acrecientan valiéndose del mismo poder que van consiguiendo haciendo que proliferen la corrupción y el nepotismo con las consabidas consecuencias para la gestión y el presupuesto público.
Pese a que en Santander han existido clanes políticos como Los Aguilar, o Los Tavera, que han amasado un gran poder que aún mantienen, ha sido una tradición casi democrática que se concentren en uno de los dos, o en la Gobernación de Santander o en la alcaldía de Bucaramanga, pero rara vez en los dos.
Así por ejemplo mientras el clan Aguilar obtuvo y mantuvo el poder en el departamento de Santander, con sus tres gobernadores Hugo, Richard y Mauricio Aguilar respectivamente, otras fuerzas políticas distintas a ellos gobernaron a Bucaramanga, a Floridablanca, Girón o Piedecuesta. Igual ocurrió con el clan Tavera. Rara vez, por no decir que nunca, uno de estos clanes consiguió tener el poder omnímodo en la gobernación de Santander y en la alcaldía de Bucaramanga al mismo tiempo.
Pues bien, esa tradición democrática, esa dinámica política de alguna manera saludable para la democracia en Santander, porque fracciona el poder, evita su concentración en un poder hegemónico, permite el control político y por ende disminuye la posibilidad de corrupción, podría estar a punto de romperse si el candidato del gobernador, Carlos Bueno ‘El Barbas’ es elegido alcalde de Bucaramanga. Veamos porqué:
Al día de hoy, el gobernador de Santander el General Juvenal Díaz Mateus, aprovechando las nulidades de las elecciones del alcalde de Bucaramanga y de Girón, no solo gobierna en la Gobernación de Santander sino también en la alcaldía de Bucaramanga a través de su designado Javier Sarmiento y de igual forma en Girón a través de su también designado Fredy Cáceres, ambos demandados recientemente por cuestionables y abruptos cambios en sus respectivas administraciones, tales como declaratorias de insubsistencias y nombramientos injustificados, desde el desconocimiento de la ciudad como por los altos honorarios asignados a sus colaboradores, teniendo en cuenta, lo corto de su encargo, en medio de procesos electorales y en plena vigencia de las prohibiciones que trae la ley de garantías.
Por esto, es preciso decir, que en las elecciones atípicas del 14 de diciembre no solo se elegirá alcalde de Bucaramanga, también se compondrán y recompondrán las fuerzas políticas para las elecciones legislativas de Marzo de 2026 y para las elecciones presidenciales siendo claro que no son los mismo unas elecciones con el poder regional fraccionado, a que esté concentrado en un solo clan.
De ganar la alcaldía Carlos Bueno, ‘El Barbas’ el candidato del Gobernador Juvenal Díaz Mateus, estaremos presenciando la consolidación de un nuevo clan político, que podría apoderarse de casi todo el poder político en Santander, pues con la burocracia de la gobernación y la de la capital del departamento es perfectamente posible que la familia Díaz Mateus llegue a colocar a por lo menos cuatro de sus fichas en el congreso de la república en las elecciones legislativas de marzo, dejando un saldo de solo tres curules a las demás fuerzas políticas del departamento, concentrando casi todo el poder político en la región con predecibles consecuencias fundamentalmente negativas para la democracia y la lucha contra la corrupción. Con un hito: nunca antes, ningún clan político lo habría conseguido: Tener el control de la alcaldía de Bucaramanga y de la Gobernación de Santander durante unas elecciones legislativas y luego unas presidenciales.
Es una verdadera lástima para la ciudad que la persona que muchos consideran la mejor preparada y con mas méritos para gobernar Bucaramanga, haya terminado siendo utilizada por un clan político y por senadores oportunistas, incoherentes, desleales con su electorado y ´voltearepas’ como el youtuber bachiller J.P. Hernández para sus mezquinos objetivos políticos. Podría estarse repitiendo la historia de la candidatura a la rectoría de la UIS de la Dra. Helena Stavchenko. Gente buena y muy preparada, (Carlos Bueno, es PhD) utilizada por gente menos buena y menos preparada para lograr ruines propósitos.
De manera, que la democracia en Santander podría estar en alto riesgo, ante la posibilidad real e inminente de que una sola familia por primera vez en toda la historia democrática del departamento concentre todo el poder político en la capital del departamento y en toda la región, constituyéndose en un poder hegemónico que bien podría perpetuarse en el poder por muchos años: el clan Diaz Mateus.
¡Ni los Aguilar se atrevieron a tanto!… ¡Un verdadero peligro para la democracia, ni mas ni menos!
Nota: Son los electores los que fabrican los clanes, recuérdenlo, luego no se quejen.



