miércoles, 13 mayo, 2026

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El chofer desobediente

Hace muchos años un grupo de ciudadanos  se puso de acuerdo para comprar un bus al que decidieron llamar : Colombia.

Acordaron los socios  fundadores, que el bus cubriera la ruta de la libertad y el orden para llevarlos como pasajeros a la capital de la democracia y la felicidad.

Así lo plasmaron en  una cinta de satín color violeta y letra dorada  que  atravesaba el escudo que pusieron en el letrero que describía la ruta del bus, el cual  se asemejaba  a una cinta fúnebre, que a la postre, y con el paso del tiempo adquirió su propio significado, por la cantidad de muertos que hubo dentro del bus mientras se peleaban por los puestos, por conducirlo y por el producido.

Inicialmente resolvieron consagrar el bus a Dios, la Santísima Virgen y el Sagrado Corazón, pues la mayoría de los pasajeros profesaba la religión católica.  Fue así como el bus siempre llevó  la cabina del conductor adornada con golas de lana roja que descolgaban de la parte superior del vidrio panorámico, y en la parte de abajo, sobre el habitáculo, una imagen de la Virgen del Carmen (patrona de los conductores) hecha en acrílico. En el cabezal de la palanca de cambios, se podía observar dentro de una bola transparente una imagen del Sagrado Corazón De Jesús.

Decidieron aquellos emprendedores patriotas  pintarlo de amarillo, azul y rojo. El  primer color para representar la riqueza que producía el bus, los otros dos, para representar seguramente a quienes durante muchos años luego se apoderarían de esa riqueza, alternándose en  el poder por periodos de cuatro años.

A pesar de que en los estatutos de la empresa de transporte que administraba el vehículo decía que al chofer del bus lo debían escoger  los pasajeros, lo cierto fue que durante muchos años los dueños de la empresa, -ricos comerciantes, ganaderos y empresarios, blancos y católicos-  encontraron la forma de convencer a los pasajeros, -quienes eran los verdaderos propietarios del bus-  para que siempre eligieran como conductor a alguno de los que la empresa les presentaba en sus medios de comunicación, y que siempre resultaba ser lejano o próximo  miembro de alguna de las familias nobles  dueñas de la empresa y además muy obedientes y serviles choferes.

Inicialmente, los dueños de la empresa decidieron no permitir abordar el  bus a negros, indígenas, no católicos, homosexuales, y a quienes no fueran azules o rojos.

Luego de muchas luchas, -una de las cuales  coincidió con  la de  un legendario y muy rico criminal que como  pasajero fue sorprendido llevando consigo un polvo blanco que extraían de una planta sagrada que abundaba en la selva, al que amenazaron con desterrar a prisiones extranjeras-  pudieron  abordar el bus y adquirir la condición de pasajeros otros ciudadanos que ya no eran católicos, blancos, heterosexuales, rojos, azules, sino toda clase de personas, pues como consecuencia de la guerra que sostuvo la empresa con aquél legendario criminal, los dueños se vieron obligados a cambiar no solo los estatutos para prohibir la extradición de pasajeros sino también para  permitir el abordaje del bus a aquellos que antes habían sido tradicionalmente olvidados y excluidos.

Luego de muerto aquél  legendario y rico criminal, sus herederos y socios pensaron que antes de pedir que los autorizaran para subirse al bus, era mejor comprarlo y apoderarse de la empresa.

Fue así como estos criminales lograron llegar a tener  el 35% de los puestos en la junta directiva de la empresa. Los antiguos y tradicionales dueños de la empresa al ver amenazado su poder prefirieron asociarse con los nuevos dueños y se pusieron de acuerdo con estos para  poner su chofer durante casi 20 años. No les importó que fuesen criminales con tal de mantener algo de su poder.

A los que se opusieron, los asesinaron, les quitaron sus tierras, los desplazaron y los encarcelaron. Con el tiempo, y gracias a la denuncia que hizo el que luego se convertiría en chofer del bus, todo se descubrió, y una cuarta parte de los miembros de la junta directiva fue a parar a la cárcel. En cambio, al chofer que duró  20 años conduciendo el bus para los criminales, no le pasó nada.

Fue así que durante casi cien años… ‘de soledad’, al  chofer del bus realmente lo escogió la empresa de transporte a pesar de que los estatutos decían  que eran  los pasajeros quienes debían hacerlo.

Pero hace  poco menos de tres años ocurrió algo inusual, algo excepcional y extraordinario, algo que nunca antes en cien años de historia había ocurrido: por primera vez  no fueron los dueños de  la empresa sino los pasajeros del bus (sus verdaderos propietarios)  los que eligieron el chofer, y ahí se armó la de Troya.

El nuevo chofer, que no era blanco ni de noble familia, -a pesar de que presumía ser descendiente de italianos mezclados con turcos- que antes había sido excluido y perseguido por los dueños de la empresa para asesinarlo, que tenía  un origen y estilo  mas bien bajo y popular, lo que  fue aprovechado por sus adversarios para burlarse de él, no estaba de acuerdo con que si el bus era de todos los pasajeros, -como decían los estatutos- las utilidades solo se repartieran entre los dueños de la empresa.

Tampoco compartía con estos la idea de que los pasajes se vendieran con precios preferenciales a los familiares de los dueños de la empresa, y que estos pudieran incluso venderlos a otros, y seguir cobrándole a los pasajeros (dueños del bus) como si fueran particulares.

Como había sido excluido, perseguido y maltratado,  el nuevo chofer guardaba cierto resentimiento contra los dueños de la empresa y no desaprovechaba ocasión para hacérselos saber, a estos  y a sus medios,  lo que le traía muchas críticas, insultos, dificultades y por supuesto mas odio.

Los dueños de la empresa todavía no entendían ni aceptaban como era que había ocurrido que aquél indígena de baja estirpe y además  de resentido, desobediente y rebelde, se les había colado y había llegado a convertirse en el chofer del bus.

“Un error del sistema” dijo alguno.  “Sí, de la matrix” dijo otro. Se volvieron locos. Era inaceptable que eso hubiese podido ocurrir.  Aún, no se lo perdonan…ni se lo perdonarán nunca.

El nuevo chofer, defendía con ahínco y vehemencia a los pobres, perseguidos y excluidos como él, por eso los dueños de la empresa, además de hacerle  ‘bullyng de clase’, le odiaban a  muerte.

Como los dueños de la empresa no lograron convencer  a la mayoría de los pasajeros (propietarios del bus) de sacarlo del puesto y poner ahí a alguno de  sus obedientes choferes (tenían varios candidatos al puesto) decidieron entonces difundir rumores, desacreditarlo, y difamarlo con toda clase de infundios por sus medios de comunicación, para que los pasajeros lo odiaran, desconfiaran de sus competencias como conductor, lo bajaran a empellones del bus y de ser  posible lo escupieran. Pagarían por ello.

Esparcieron y difundieron rumores tales como que el bus ya no se iba a llamar mas Colombia, sino Venezuela, (el  bus de unos vecinos que había caído a un abismo años atrás, en gran parte por culpa de un chofer loco que tuvo y de los dueños de un gran tren que no querían mas buses sino trenes en la región, pero todos de ellos o vendidos por ellos); luego difundieron que el nuevo chofer quería ‘expropiar’ a la empresa y a los pasajeros de sus acciones; que el dólar se iba a disparar si lo ponían de chofer; que se iba a convertir en dictador, que conducía el bus borracho, que consumía polvo blanco, y que le iba a ceder parte de la propiedad del bus a un dictador vecino apodado ‘Plátano’.

Pasados casi tres años desde que el nuevo chofer conduce el bus, no se ha cambiado el nombre y la ruta por los de Venezuela, no ha habido una sola expropiación, el peso se revaluó, el dólar bajó de precio, la inflación está controlada, (lo que los dueños de la empresa atribuyen a causas externas) todos los días lo insultan y difaman y nadie está preso…no se ha cerrado un solo medio de comunicación, Aún así los medios al unísono insisten en llamarle ‘dictador’.

El sabio Melquisedec escribiría luego en sus memorias, que este debía ser el  único caso  en toda la historia en que se insulta a diario a un ‘dictador’ y nadie cae preso por ello.

También difundieron los dueños de la empresa, -por sus medios de comunicación- que si no hay pasajes para ir al hospital es porque el nuevo chofer  acabó con la salud, sin percatarse de que lo que realmente quiere es quitarle el hospital a sus tradicionales dueños -que por pura casualidad son los mismos dueños de la empresa- para dárselo a los pasajeros, sus legítimos propietarios.

Los dueños del hospital que son los mismos de la empresa, durante muchos años le cobraron  a esta  billones de pesos  por atender a los pasajeros, contrataban con centros de salud los servicios que decían prestar, no les pagaban, se quedaban con el dinero y luego se declaraban en quiebra. Finalmente hacían que la empresa les pagara directamente a los centros de salud y seguían exigiendo que esta les girara para poder -según ellos-  seguir prestando servicios.

Como el nuevo y desobediente chofer decidió no darles mas plata -porque por  alguna razón tiene la leve sospecha de que pueden robársela- estos pararon los servicios y escondieron los medicamentos. Ahora acusan al ‘chofer desobediente’  de dejar a los pasajeros sin servicios y sin medicamentos  y de ‘acabar con la salud’, que según dicen ellos, ‘mal o bien funcionaba’.

No voy a defender al ‘chofer desobediente’, tampoco voy a encubrir los gravísimos  errores que  ha cometido, pero…

¡Juzguen Ustedes!