sábado, 23 mayo, 2026

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El ‘Salariazo’ de Petro ¿Justicia social o suicidio económico?

Comenzamos el año  con la noticia de un salario mínimo de $2.000.000 para el 2026 fijado por decreto por el presidente de la república lo cual ha generado toda suerte de reacciones, comentarios, conceptos, críticas y por supuesto, como ya es habitual:  profecías.

Como abogado, sé que la potestad del Ejecutivo para fijar esta cifra ante la falta de acuerdo dentro de la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales es un ejercicio legítimo del presidente  pero, siempre bajo la lupa de la Corte Constitucional y también, por qué no decirlo, -así es en la práctica- del Banco de la República, ese órgano extraño (Un Banco) que por disposición constitucional y con un pretendido carácter únicamente ‘técnico’ debe establecer los parámetros para hacerlo y que por esa vía a veces pareciera mandar sobre la economía más que el presidente.

Mas  allá de la discusión  jurídica sobre si el presidente podía incrementar el salario mínimo en un 23%  lo que aquí se libra es una guerra entre dogmas económicos.

El Gobierno ha decidido apostarle a la tesis Keynesiana que afirma que  el motor de la economía no es el ahorro de los grandes capitales, sino el gasto de los hogares. Al elevar la capacidad de consumo de quienes destinan cada peso al arriendo y la comida, se activa la tríada ingreso–consumo–producción. Para el presidente, el salario no es solo un costo que asfixia, sino la gasolina que mueve la máquina.

En la otra orilla, los gremios y la oposición desempolvan sus manuales de ‘ortodoxia’ sosteniendo que este aumento —el más alto en décadas-disparará el desempleo y nos llevará a una espiral inflacionaria imparable, con carestía, mayor informalidad, devaluación y todas las restantes plagas de Egipto etc…

La eterna visión del costo marginal: si el trabajador es caro, la empresa muere.

¿Pero a quién creerle? La experiencia y los datos recientes sobre los indicadores de la economía Colombiana nos obliga a ser escépticos con los profetas del desastre. Llevamos  tres años escuchando que  Colombia se convertiría en la segunda Venezuela, que se acabaría la propiedad privada mediante expropiaciones masivas, y que el dólar llegaría a los $10.000 pesos.

Y aquí estamos. Ninguna de esas profecías apocalípticas se cumplió. Por el contrario, el desafío para los economistas hoy, es explicar cómo, en medio de una transición que busca descarbonizar y despretrolizar la economía, los datos macroeconómicos se niegan a darle la razón al catastrofismo de los cafetines y clubes sociales.

Pues bien. Fieles a sus estilo, los apocalípticos frente al ‘Salariazo’ de Petro dicen:  ‘Pan para hoy  y hambre para mañana’

De otro lado, abandonar la dependencia de los combustibles fósiles es un salto al vacío para muchos, pero los reportes económicos, por ahora, mantienen a flote la gobernabilidad de Petro, al tiempo que  las encuestas elaboradas por el mismo establecimiento que por un lado critica a Petro  y  por otro desinforma  a la opinión pública, indican que podría poner sucesor, lo que hace pensar que una inmensa multitud en las barriadas le sigue copiando y apoyando. Es decir, tanto en lo económico como en lo electoral a Petro parecen estarle saliendo las cosas, pese al desastre político por el hundimiento de sus reformas, que tienen mucho que ver  -a mi juicio- en gran parte, con su estilo.

Al final, como suele ocurrir en este país de contrastes, no serán los trinos ni los discursos los que zanjen el debate, sino la realidad fría de los datos. La oposición seguirá gritando que viene el lobo, mientras el Gobierno cruza los dedos para que el efecto multiplicador del gasto haga el milagro.

Aunque a muchos nos desagrade el estilo y conducta personal de Petro, su forma de manejar la política exterior -buscándonos enemigos y casando peleas por  todas partes-,   o que buena  parte de su discurso raye en el populismo irresponsable, irreverente y en ocasiones a simple y llana ‘charlatanería’, o que siga gobernando a Colombia como si fuésemos Macondo, viendo mariposas amarillas por todas partes y creyéndose ‘el último Aureliano’ no solo de Colombia sino del mundo ‘mundial’, lo cierto es que Petro ha demostrado -con cifras- que si de algo sabe es de economía. Los resultados están ahí, innegables e irrefutables por la data, y por ahora, lo único cierto es que los trabajadores tienen un respiro en el bolsillo y los empresarios un reto en la nómina.

En abril o mayo cuando se publiquen las cifras de inflación, empleo y crecimiento  veremos si Petro acertó o erró. Para ello habrá que revisar la data en The Economist y otras publicaciones serias y especializadas, -ninguna de aquí, sino de afuera-  para saber si de verdad le funcionó su ‘salariazo’  o si  como muchos legos y expertos  la tildan hoy, solo habrá sido  una medida  fallida, irresponsable, populista, demagógica y electorera para seducir el voto de los incautos de cara a la reelección de su proyecto político.

En cualquier caso, algo me hace sospechar que aunque la medida llegue a funcionar para reactivar mas la economía y hacerla crecer, el establecimiento, sus medios  y especialmente su banco ‘técnico’ nos dirán al  unísono que no fue así,  sino que fue un error, un desastre total.

Por esa razón hay que estar atentos a lo que digan los medios especializados en el exterior. Esperemos entonces a ver que pasa.