sábado, 23 mayo, 2026

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Petro, el hombre

Por Dios! …¡otro ‘lunático´ que se cree la reencarnación de Bolívar! ¡estamos jodidos! Se cree predestinado  no solo a ‘liberar’ a América, sino al mundo entero.

El ‘lunático’ -como lo llamó Trump- sabe historia y dice muchas verdades. Es muy inteligente, ¡pero muy inteligente! Ha leído mucho…lo que le conviene, en lo que cree…no lee mas. Un adelantado a su tiempo.

Creo que tiene buenas intenciones. No es un dictador, no es codicioso, es sensible al dolor de los pobres y excluidos, pero es ególatra.

Está enfermo de egolatría y fanatismo ideológico.

Está cegado por el fanatismo.

A Daniel Coronell lo interrumpió todo el tiempo, casi que no lo deja hacerle la entrevista, y peor,  le reclamaba porque -no lo dejaba hablar- No escucha. No deja hablar, es un monólogo en si mismo, cree que tiene la verdad revelada. Como todo fanático. ¡Pobre alma!

Calla frente a la invasión de Putin a Ucrania, calla frente a Selensky por la persecución a los eslavos y judíos en Kiev, Dnipropetrovsk, Járkov y Odesa, pero condena con vehemencia lo que él llama ‘genocidio’ en Gaza.

Se queja del intervencionismo, pero mete las narices en cuanta discusión mundial no le compete pero si nos afecta. Quería ser nobel de paz, propósito al que parece ser no ha renunciado.  Tiene un déficit de reconocimiento, quiere ser reconocido mundialmente, así eso le haga daño a su país.

Critica a Trump, porque actúa como un dictador mundial, pero calla convenientemente frente a la dictadura del borracho Daniel Ortega en Nicaragua y del inepto y ridículo dictador de Venezuela. Ignora que desde Nabuconodosor, el poder se ejerce o con violencia o con engaño, por la fuerza, y que la ley no es mas que un pretexto para hacerlo aparentemente legítimo.

Se muestra digno frente a los atropellos de Trump con los migrantes, pero calló cuando en México, en tiempos de AMLO trataban a nuestros compatriotas en los aeropuertos como ‘perros’, como él dice que Trump trata a los latinos cuando los envía esposados en aviones.  Aprovecha eso  para hacer ‘patrioterismo’ y populismo con fines electorales. Sabe manipular a las masas con su verbo, con su verborrea delirante que se va por las ramas, cambia el tema, y conecta ideas inconexas con los que logra construir argumentos creíbles, pero inválidos, impertinentes, al igual que lo hacía el líder Nazi que tanto critica. No deja hablar, pero se queja de que no lo dejan hablar. Hace todo lo que critica.

Su sesgo ideológico lo hace contradictorio. Se asemeja a un líder de una de esas sectas mesiánicas, pero no es un dios, aunque sus seguidores crean que lo es. Se equivoca. Lo ha demostrado …con creces.

Es un idealista a conveniencia, porque en política ha demostrado ser pragmático: pacta con el diablo si es necesario.

Es manipulador y ególatra, que es diferente a ser ‘egoísta’: Tiene un afán por ser ‘inolvidable’ por ‘trascender’ -dice él- por pasar a la historia, sin importarle cómo, de que forma, ni a costa de qué o de quienes.

Es rebelde por naturaleza, un renegado, un revolucionario. Firme y leal a lo que cree que son sus convicciones y principios. No cambia de idea, de postura, es estático, se adelanta a prever el futuro, pero lo ve con sus convicciones del pasado, las que adquirió y construyó  a lo largo de su vida.

No ha entendido aún que ya no es un activista, que ahora es presidente de toda una nación y que sus actos y palabras tienen consecuencias para muchas personas.

Piensa con sesgo, ve el mundo únicamente con sus lentes ideológicos. Por  uno de sus lentes ve al mundo como le conviene, por el otro  lo ve como es, pero calla.

Petro, el hombre, es un idealista, un soñador, está cegado por su fanatismo ideológico y por su soberbia intelectual. Es otro Chávez, pero olvida que nosotros no somos ni seremos Venezuela.

Se equivoca, y sus fanáticos se resisten a creer que eso sea…¡posible!