jueves, 21 mayo, 2026

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¡La puerta de los sustos!

A mediados de la década del 70, muchos equipos del fútbol colombiano se quedaron sin dinero en sus arcas y se les dificultaba competir en un campeonato que contaba con 14 oncenos, los cuales conformaban y siguen conformando –con más de 36 socios- la División Mayor del Fútbol Colombiano más conocida como Dimayor.  Los directivos de aquella época eran empresarios honestos y se habían metido de cabeza en la dirigencia deportiva por amor al balón, así nunca le hubiesen pegado una patada a una bola ‘e trapo.

Muchos de ellos quebraron sus empresas y quedaron en una encrucijada brava, o salvaban su patrimonio o se terminaban de hundir pagándole a unos jugadores y sus respectivos cuerpos técnicos quienes no tenían muchas veces ni para el famoso sancocho de tienda.

Viendo que sus equipos se hundían en el fondo de la tabla y escuchando por otro lado que a la ciudad habían llegado unos señores adinerados dispuestos a invertir en lo que fuera, los caballeros de saco y corbata le abrieron la puerta de los sustos a unos toros disfrazados de mansas ovejitas; venían vestidos con guayaberas y camisas floridas, cadenas de oro colgando de sus cuellos las que  se perdían en medio del remolino de sus pechos tan peludos como un oso de anteojos.  A propósito de anteojos; usaban unos bastante costosos los cuales lucían en los estadios para esconder sus miradas y sus identidades.  También tenían muy escondida la procedencia de su patrimonio.

Mostraban fajos de dinero en los estadios que parecían pelearse por salir de los bolsillos de sus pantalones blancos, los cuales hacían juego con unos mocasines italianos, también de color blanco, los usaban sin medias para parecer argentinos nacidos en Mariquita (Tolima), Rionegro (Antioquia) o Armenia (Quindío), para citar solo algunos casos.  Cuando nuestros directivos vieron esas cantidades de dinero, inmediatamente, les permitieron la entrada a sus clubes y ahí fue cuando por ponerle María Ramos le pusieron ¡la cagamos!

Corría la década del 80 y con estos ‘señores’ metidos en una cerrada burbuja se empezaron a presentar arreglos de partidos, los árbitros tomaron partido, ¡ya no pitaban los partidos!  En Colombia se empezaron a contratar árbitros españoles, argentinos, brasileños y uruguayos porque los de aquí ya estaban infiltrados por las mafias del narcotráfico.  A ellos les sorprendió que muchos de los silbatos nuestros pitaran con un revólver al cinto como el caso del chileno nacionalizado Mario Canessa.  Sucedieron dos cosas: Uno, los extranjeros recibieron buenas propinas, ¡les tocaba!   Dos, los nuestros eran manejados por el presidente de la rama aficionada en Colombia  Álvaro González Alzate, quien a la postre se convirtió no solo en el zar del fútbol colombiano sino también en el mayordomo de la finca.

Con los árbitros en el bolsillo, del cual también brotaban los billetes producto de la reventa de boletas en las pasadas eliminatorias a copas del mundo, el señor González y sus amigos Bedoya y Jesurún fueron heredando un legado de unos tipos que detrás de las cortinas han manejado a su antojo el fútbol colombiano por más de 40 años.

Estos ‘señores’ han puesto presidentes no solo en la Casa de Nariño, también en la Dimayor y la Federación Colombiana de Fútbol y si no, pregúntenle al ex parlamentario Tiberio Villarreal Ramos cuando citó a una asamblea extraordinaria de la Dimayor para sacar al paisa León Londoño Tamayo y darle ese lugar a Juan José Bellini, hombre de confianza de Miguel Rodríguez Orejuela.  Todos debían obedecer a unos ‘patrones’ y si no terminaban por fuera del fútbol o en su defecto asesinados, como muchos presidentes de clubes que se atrevieron a desafiar al ‘sistema’.  En esa refriega también cayeron árbitros como Álvaro Ortega.

Hoy los equipos están manejados por tipos diferentes, pero se siguen blindando contra viento,  marea, temblores y terremotos.  Ellos, siempre muy vivos y pilluelos, se hicieron amigos de políticos con bastantes influencias en las altas cortes, llevaron al seno del fútbol y concretamente a los tribunales de justicia deportiva a magistrados y jueces  quienes no permiten que ninguna  mosca se le acerque al plato.

Se hicieron íntimos amigos de fiscales y ministros, a los cuales invitaron y siguen invitando al Metropolitano de Barranquilla con todos los gastos pagos y es allí, donde al ritmo de unos tragos y cientos de pasabocas, se quitaron el tapa boca para contarle sus problemas con la justicia colombiana y también  la Superintendencia de Industria y Comercio que los multó por revendedores y deshonestos.  Al final, como todo en este país, no pasó nada.  O sí pasó, ellos pagaron la multa, pero con plata de la Federación, que es la misma plata de ellos, solo que no salió de sus bolsillos.

Lástima grande que un torneo que era sano y limpio, hoy en día siga cuestionado, patrocinado por casas de apuestas y con escándalos semanales para acabar de ajustar.  Eso sucedió cuando le abrieron las puertas a unos tipos que venían a salvar el fútbol y estos  se terminaron quedando con el fútbol mismo.  No solo aquí, en todas partes del mundo.  Los invitaron a la fiesta y se tomaron el whisky, se comieron las viandas, bailaron a las señoras, se orinaron en la piscina y se limpiaron con la cortina, como diría la canción.  Les abrieron la puerta…¡vaya sáquelos!  Un abrazo, chao y hasta la próxima.

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